Cuando el calor comienza a ceder, los caminos quedan vacíos y la oscuridad se extiende sobre los árboles, una antigua figura puede aparecer entre las sombras.
Le dicen La Mona.
No es exactamente una mujer.
Tampoco es exactamente un animal.
Es una criatura que pertenece al territorio de las leyendas.
La mujer que se convirtió en mona
Existen diferentes versiones de la historia.
En una de las versiones recopiladas por investigadores de la Universidad de Costa Rica, se cuenta que una mujer fue transformada en una criatura semejante a un mono por una bruja. Algunas versiones relacionan la transformación con la envidia; otras, con un castigo.
A partir de entonces, La Mona aparece durante la noche para asustar a quienes transitan por caminos solitarios.
Puede desplazarse entre los árboles, acercarse a las casas y provocar miedo con sus gritos.
Su presencia no siempre se anuncia con una imagen.
A veces comienza con un sonido.
Un grito en la distancia.
Un movimiento entre las ramas.
Algo que parece estar lejos y, de pronto, parece estar mucho más cerca.
Una criatura de la noche
Las descripciones también cambian según quién cuenta la historia.
La investigación de la UCR recoge versiones en las que La Mona aparece como una criatura de baja estatura, con apariencia simiesca, cuerpo cubierto de pelo, ojos intensos y un grito aterrador. Algunas versiones incluso cuentan que puede ser enviada por una persona que busca asustar o perjudicar a alguien.
Pero la tradición oral nunca ha tenido una sola imagen.
Cada relato transforma un poco al personaje.
Y quizás por eso La Mona funciona tan bien como leyenda.
Nunca sabemos exactamente qué vamos a encontrar.
Una historia de Guanacaste
La Mona ocupa un lugar particular dentro del imaginario guanacasteco.
Investigaciones de la Universidad de Costa Rica señalan que es una leyenda especialmente popular en Guanacaste y destacan su valor para explorar costumbres, creencias, valores e identidad cultural de la región.
Guanacaste posee una tradición cultural marcada por una historia mestiza y por la mezcla de influencias indígenas, europeas y africanas. La propia UCR señala que muchos de sus mitos y leyendas se desarrollaron y reconfiguraron dentro de la cultura de la sabana guanacasteca.
Por eso, contar La Mona también significa hablar del lugar donde esta historia encontró una de sus formas más reconocibles.
No es solamente una criatura.
Es parte de un paisaje cultural.
El miedo que se escucha
Hay algo particularmente inquietante en La Mona.
No siempre necesitas verla.
Puedes escucharla.
El sonido ocupa un lugar importante en las versiones populares de la leyenda: gritos, ruidos sobre los techos, movimientos entre los árboles.
Y eso transforma completamente la experiencia.
Porque cuando escuchamos algo que no podemos ver, nuestra imaginación termina haciendo el trabajo.
La oscuridad deja de estar vacía.
Ahora tiene presencia.
La Mona de ARRUKO
Para ARRUKO, La Mona no necesita convertirse en un monstruo grotesco.
Queremos conservar algo mucho más interesante:
la sensación de descubrirla.
Primero está el bosque.
Después aparecen las sombras.
Algo se mueve entre las ramas.
Dos ojos observan.
Una silueta comienza a revelarse.
Y solamente al final comprendemos qué hemos estado mirando.
La imagen nace del paisaje guanacasteco y de la propia naturaleza de la leyenda.
La criatura no está simplemente dentro del bosque.
Parece formar parte de él.
De la memoria al objeto
Nuestra interpretación de La Mona se convierte en una composición de cuatro piezas.
Cada una muestra un fragmento de la aparición.
La primera nos introduce en el paisaje.
La segunda deja entrever algo entre los árboles.
La tercera revela los ojos y la silueta.
La cuarta nos permite reconocer a la criatura.
Cuando las cuatro piezas se unen, la historia aparece completa.
No se trata solamente de representar un personaje.
Se trata de reproducir la experiencia de encontrar algo que no esperábamos encontrar.
Una leyenda que continúa
Las historias de tradición oral no permanecen porque alguien las haya escrito una única vez.
Permanecen porque alguien las vuelve a contar.
En una casa.
En un pueblo.
En un camino.
Entre generaciones.
La Mona continúa formando parte del imaginario guanacasteco y de la memoria cultural que se transmite a través de sus historias y leyendas. La Universidad de Costa Rica incluso ha documentado esfuerzos de recopilación de relatos tradicionales en comunidades de Guanacaste, incluyendo una versión titulada La Mona en el tejado.
Quizás por eso todavía funciona.
Porque algunas historias no necesitan que creamos en ellas.
Solo necesitan que, cuando cae la noche, recordemos que alguna vez alguien las contó.
Referencia bibliografica:
Brenes Ramírez, Christian; Chinchilla Chavarría, Mariano; Ramos Solís, Daniela. (2018).
Espantos: leyendas de Costa Rica. Editorial Universidad de Costa Rica / PROINNOVA. 56 pp. ISBN 978-9968-46-687-5.
Cubero Vásquez, Karol; Villanueva Monge, Lucía. (2020).
La leyenda guanacasteca “La Mona”: estrategia didáctica para el desarrollo del pensamiento crítico y la competencia cultural desde el aula universitaria. InterSedes, 21(43), 11–31. Universidad de Costa Rica. DOI: 10.15517/isucr.v21i43.41973.